Xavier Fàbregas

Juan Capella obtiene un señalado éxito con su exposición barcelonesa (1961)

El pasado sábado día 21 de los corrientes, Juan Capella inauguró en la barcelonesa sala de Selecciones Jaimes una exposición de pintura que está constituyendo un rotundo éxito de crítica y de público. Nos presenta Juan Capella una muestra del trabajo que ha venido realizando durante el transcurso de los últimos años, testimonio, aparte de los méritos que concurren en su pintura, de su constante dedicación al paisaje vallesano, en particular al de Moncada.

La evolución del pintor, patente en los lienzos expuestos que abarcan la etapa comprendida entre 1959 y 1961, es notable; resuelto el problema del color que parecía preocuparle hace un par de años, ha conseguido una claridad y una firmeza en la forma que resultan impresionantes. Se han apagado los tonos cálidos de su paleta que conferían a sus lienzos un aire de ensoñación y  de misterio, la atmósfera que envolvía las cosas se ha vuelto transparente y el artista se ha enfrentado, pincel en mano, con la realidad; sin trucos y sin paliativos, con una realidad que intenta reducir a lo esencial, como vemos en sus últimos paisajes o en la acémilas.

La voz del pintor ha abandonado el lirismo y se ha vuelto austera, sus cuadros no llaman con la fuerza con que lo hacían hace un par de años, pero una vez uno se ha decidido a penetrar dentro de ellos descubre matices, palpa objetos, que a una mirada superficial han de pasar desapercibidos. Sin que ello entrañe el más mínimo menosprecio por la anterior etapa del artista debemos decir que el paso dado por Juan Capella es un paso importante, y lo es porque muestra una claridad de ideas, una orientación, que el pintor ha recibido del hombre y el hombre es, en última instancia, lo que más interesa en la obra del artista; de lo que este hombre quiera decirnos, de lo que acierte expresar, recibirá la obra o no su validez y su perennidad.

Y la obra de Juan Capella nos llega hoy avalada, y ello se adivina por sí misma, por un concepto claro, por una decidida intención de ahondar la realidad circundante, de hallar en cada cosa el sentido auténtico que la valora, aunque para conseguirlo haya que sacrificar toda la tramoya de lo aparente, de lo secundario.

 

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Fundació Joan Capella